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jueves, 15 de agosto de 2013

Texas

Siempre me ha encantado Texas.

Los bares de moteros son en parte mi hábitat natural. La cerveza, el tequila, el billar y las Harley brillantes. Adoro Texas.

Cuando me di cuenta de que mi primer caso era en Texas casi muero de gusto. Caza y birras, la combinación perfecta.

Llené el depósito de Sasha, hice las maletas y salimos. Hacía sol. Recuerdo mi buen humor.

La comisaría nos llevó toda la mañana. No sé por qué, pero últimamente no hago más que llevarme mal con los comisarios. Encontramos un pinchazo en el cuello de las víctimas.

El forense me dio mala espina. Resultó una pista falsa. La comisaria tuvo los cojones de gritarme. No sé cómo me aguanté.

Decidimos salir de bares. A buscar adrenalina. Aquello de lo que un Keu se alimenta.

Hubiera avanzado por la tarde, pero Mary Anne me encerró. Me desconocentré. Me dejé llevar. Dejé de pensar.

Salimos más tarde. Veronika y yo transformamos feromonas en adrenalina en aquel bar. Provocamos una pelea. Subí en la moto. No estaba asustada.

Puede que fuese un poco feliz.

Hasta que le vi. Los ojos, su rostro. Su horrible aguijón.

Mary Anne se acercó a él y yo me asusté. Me enfadé. Le toqué y supe que no le perdería. Ahora era mío.
Era nuestro.

Respiré  por fin cuando salí de allí. Mary Anne encendió la radio. Le sentí cerca. Miré la foto y sentí que ya nada era lo mismo, ni volvería a serlo. Me gustó.

Y cuando tuvimos que partir a por ese bicho infernal, supe que todo iba a ir bien.

Le cazamos. Salvamos a la chica. Resolvimos el problema.

Mary Anne se moría de miedo. Encerró lo que quedó del Keu en un aspirador. Encendió una linterna y la guardó junto con los restos. Propuso enterrarlo en cemento. Nadie le llevó la contraria... Reímos, pero todos estábamos igual de asustados que ella.

Todo había acabado. No dormí sola esa noche. Me largué de Texas con el estómago oprimido por los nervios y el miedo.

Ahora es lo único que tengo.

Aún así, está claro que no está tan mal dejarse llevar a veces. En esta ocasión me salvó la vida.

Pero no pienso volver a decir gracias.

Vetala

Por primera vez, no buscamos una misión. La misión nos encontró a nosotros.

Tom llegó un día a la cafetería y nos anunció que su padre había desaparecido. Recuerdo su impertérrita cara transformada en una mueca de preocupación. El rostro roto de Erik. El sufrimiento de Veronika por su marido.

Investigamos los camiones de los hombres desaparecidos. No había rastro de nada. Decidimos partirnos en grupos y repetir el plan de Tom padre, hacernos pasar por camioneros.

Fue mala idea. Al menos en parte.

Fui con Tomas a la gasolinera. El se subió al camión y yo observé, todo estaba tranquilo. Hasta que desapareció ante mis ojos. Tomas se desvaneció en la nada.

Me desesperé. Llamé a Mary Anne. Ella me reveló el verdadero problema. Tomas era Erik.

Me recogieron. Encontramos a Veronika persiguiendo un coche, el coche donde iba él.

Me aparecí a su lado, en el maletero del coche. Estaba inconsciente, y su pulso era débil. Sentí rabia. Ellas, las vetalas, iban delante. Me desdoblé de nuevo. Nunca me había aparecido con un objeto, pero esa vez, sentí que podía hacerlo.

Esperé y las observé. Sentí la adrenalina empujándome hacia ellas. Y en cuanto frenó el coche, la asesiné. Sin dudar. Le rajé el cuello y disfruté de su sufrimiento mientras se desangraba. La plata le dolió hasta su último suspiro.

La otra huyó hacia dentro de el almacén. Yo saqué a Erik del maletero y lo acosté en la furgoneta. Tenía que irme. Tenía que encontrar al padre de Tom. Y vivo.

Lo hice. Le encontré. Estaba atado a una silla. Envenenado. Mientras Mary Anne disparaba, corrí hacia él. La otra vetala cayó al alcance de Tom, que la golpeó con sus propios puños hasta matarla. Sentí su rabia. Sentí su venganza.

Extraje el veneno del cuerpo de Tom padre tal y como Veronika me había enseñado. Su pulso se aceleró. Su rostro recuperó color. Supe que era suficiente. Salí de allí. No podía dejar de pensar en la furgoneta. Distraerme me cabreaba.

Recuerdo que sangraba demasiado. Extraje el veneno de su cuerpo también. Olía a cuero. Tapé sus heridas con mis manos. Se lo llevaron. Me mareé y corrí de nuevo. Esta vez al hospital.

Lo peor de aquello fue la espera. La sangre en mis manos, el tatuaje, Levana, los latidos de su corazón descendiendo torturantemente. Su cara triste.

Encontré un donante. Juré que si el gilipollas salía de esa llenaría a Sasha de bolsas de sangre compatibles. Y salió.  Finalmente salió.

Mi corazón parecía querer compensar el de ese capullo.

Nikki apareció después, y su presencia fue como una ráfaga de brisa fría en un día de calor abrasador. Al menos durante un rato. Yo no era capaz de salir de aquella habitación, y ella parecía querer revelar esa parte de mí a voz en grito.

Supongo que me sobrepasó. Las emociones, el miedo. No sé cómo caminé hacia su cama, pero lo hice. Lo hice. Lo increíble es que no me arrepienta.

Recordaré siempre el rostro aliviado de Tom frente a la cama de su padre. Él, sin saberlo, me ha enseñado algo. La familia no te hace débil. Es al contrario.

Debería probar.

lunes, 12 de agosto de 2013

Utah

Me encantaba Utah.

Debí haber supuesto que dejaría de encantarme tras el caso. Niños enfermos, espíritus cabreados, ancianos moribundos. Debí haberlo supuesto. Ojalá hubiera sido sólo eso.

Algo ocurrió. Alguien vino a buscarme. Por fin escuché a Mary Anne. No quería creérmelo. Me enfadé. Veronika habló de más. Y me enfadé más aún.

Recuerdo verle desde el coche. Le di un aviso, y no me hizo caso. Su prioridad era Veronika. Así que me largué. Juré que no me afectaría nada de lo que me dijese. Pero nunca podría haberme esperado lo que me dijo.

Erik Mound. ¿Cómo pude olvidarme?
La mujer de las pecas. Levana. El orfanato.

Maldito mentiroso.

Mary Anne vino después. Yo sólo quería ver a Veronika. Sólo a Veronika. Ella era la única sincera desde el principio. Quise apoyarme en ella como me apoyo en Nikki. Pero no fue suficiente. Sólo había dolor. Sólo estaba él, arañando todos mis recuerdos, toda mi vida.

No pude dormir. Ni esa noche ni la siguiente. Cambié de trabajo, dejé de pensar. Conseguí unas cervezas.

Sólo me permití una debilidad. Mary Anne. Le enseñé mis dibujos, le enseñé mi cuarto, la dejé ver dentro de mí.

Y me volví a esa Riley que odio.

No sé que pasará conmigo ahora. Le odio. Pero no soy capaz de odiarle. Quiero ver a mi padre, pero no quiero verle. Me tomaré una pastilla para dormir. Dejaré de pensar.

jueves, 8 de agosto de 2013

Orianna

San Francisco,  26 Enero 2013


Viajamos a San Franciso con prisa. Parece que hay tres mujeres que han sido agredidas con la casa cerrada a cal y canto. Dos hombres han sido asesinados con un corte profundo en el cuello, y hay un crío desaparecido.

Las mujeres tienen marcas de estrangulamiento en el cuello. Todas tienen en común que sus maridos pasan tiempo fuera de casa, viajando por negocios. Ninguna de esas mujeres tiene hijos. Sus nombres, Stacey Rodriguez, Maddie Andersen y Liseth Baker. Las tres tienen entre 28 y 30 años.

Los hombres asesinados son importantes empresarios, y ambos vivían solos. Les encontraron en casa con el cuello rajado. Sus nombres, Henry Blanc y Erik Brokovitz.

Jack Norris, el crío desaparecido, tiene sólo 16 años. Desapareció cuando estaba en el intituto.

Estos son los únicos datos que tenemos.



Hemos hablado con las mujeres agredidas. Las tres afirman que una mujer apareció a los pies de su cama antes de ser estranguladas. "Es culpa tuya". Eso les dijo esa mujer.

También hemos indagado datos sobre Jack Norris. Es hijo de madre soltera y tiene un hermano mayor que estudia en la facultad de derecho. La madre trabaja en el hospital.




Orianna es nueva en esto, casi tanto como yo. Es joven, pero tiene fuerza. Y sangre fría. Me gusta esta chica.




Hay un nexo de unión entre las tres mujeres. Sus maridos trabajan en la misma empresa. Hemos conseguido hablar con dos de ellos. Estudiaron juntos. Pertenecieron a la misma fraternidad.

Los tres son secretamente homosexuales. Llevan una doble vida.

Debería contar cuántas de las desapariciones que investigo acaban en marido homosexual que se fuga.





En una de las casas de las mujeres encontramos un libro de rituales. Parece que la hermandad se lo pasaba bien jugando con lo oculto. Puede que se les haya ido de las manos.

Hemos encontrado la identidad de la mujer que agredió a las esposas desdichadas. Su nombre, Mariah Anderson. También tenía una relación con esa fraternidad.

Vamos de camino a la facultad de económicas. William Norris, hermano de Jack, estudia al lado. Demasiada casualidad.




Jack Norris iba a ser un sacrificio.

Había un altar en la facultad. En aquella sala había al menos una veintena de espíritus que habían sido invocados. Jack estaba inconsciente. Pero había algo peor...habían invocado a un espíritu mayor, y se acercaba. Niñatos de mierda.

Destruimos el altar. Mary Anne pronunció un exorcismo que liberó al espíritu, para que pudiera descansar en paz. Los espíritus que se encontraban allí se volvieron contra sus invocadores, y cerraron las puertas con ellos dentro.

Veronika prendió fuego al lugar. Para purificarlo, dijo. 

Dejamos a Jack en el hospital.

Los hombres asesinados no eran parte de nuestro caso. Puede que lo investigue de todos modos.

Mariah Anderson descansará en paz ahora, sabiendo que nada de lo que ocurría en esa facultad volverá a llevarse a cabo.

Adiós, San Francisco.


Pittsbury

Como esperaba, Veronika volvió a llamarme.

Argumentó que habían desaparecido tres personas en la linde de un bosque. Dijo que había algo raro, que había que investigarlo.

Aún no sé por qué fui.

Nos desplazamos a Pittsbury. Es un pueblo pequeño, sólo tiene una cosa de especial: su reserva natural. He conocido un nuevo cazador, Tom. Parece que va a ayudarnos en el caso.

Tenemos tres personas desaparecidas, sin ningún tipo de relación aparente.

Como es lógico, pensé en ir a preguntarle al guardabosques, pero no me sirvió de mucho. Lo único que sacamos en claro de la gente de la gente de aquel pueblo, del comisario y del forense es que aquel era un pueblo tranquilo. Eso sí, con una fuerte tradición noruega, detalle que creo que Veronika odió profundamente.


Hemos encontrado los cuerpos. Más bien lo que queda de ellos. Hay una víctima más, esta vez un hombre, al contrario que las tres mujeres anteriores. De él sólo se han encontrado los intestinos y medio pulmón. Esta claro que hablamos de un animal salvaje.

Los restos que hemos encontrado tenían algo. En el esternón, había un símbolo tallado.

No sé que hago aquí.


Veronika me ha hablado de una criatura de las nuestras que podría encajar en los sucesos. Se trata de un Wendigo, una criatura con una fuerza y velocidad descomunales. Según Veronika, surgen de alguien que ha comido demasiada carne humana.

Un puñal de acero en el corazón y prender fuego a su cuerpo, esa es la manera de matarle. Pero primero, hay que cazarle. Empieza a gustarme.


Hay cuatro familias noruegas en Pittsbury, las fundadoras: Los Stanley, de los cuales no tenemos datos; los Harris, que han sido guardabosques desde siempre; los Smith, guardianes de la ley y el orden, y los Davison, los líderes.

Los hermanos guardabosques, el sheriff, y el alcalde.

¿Quién nos falta?


Veronika ha hablado con la abuela de los Harris. Yo, por otra parte, he preferido acercarme más al hermano pequeño. La abuela nos ha revelado bastantes datos referentes a leyendas. Wendigos, símbolos de sacrificio grabados en el esternón, y viejas tradiciones familiares. Le hemos encontrado.




Nathaniel ha muerto.

Pude ver como su hermano entraba en cólera y lo despedazaba sin piedad. No podría haber hecho nada aunque hubiera querido.

Pero me vengué. Le cazamos. Veronika, Tom, Mary Anne y yo le dimos caza. Quemamos su casa y todo lo que quedó de él lo redujimos a simples cenizas.

Nathaniel ha muerto como el último Harris de Pittsbury.

El maldito forense nos la estaba colando. Él era Stanley. Sólo era un pobre hombre sin mucha fuerza de voluntad.

Nos volvemos a casa. Con suerte podré dormir un poco.




martes, 12 de febrero de 2013

Sin vuelta atrás

Día 3 14:00 p.m.


He tenido que volver atrás. No quería volver, pero he tenido que hacerlo.

Debí haberlo pensado cuando me lo dijo Veronika. Tal y como ella me advirtió, una vez empieza, esto nunca acaba.

Volvía a Nueva York cuando el coche se me llenó de humo verde. Lo más extraño de todo es que Nikki no lo veía. Quise ignorarlo, pero no hubo manera. El humo tomó forma, y tuve que hacerlo. Tuve que llamarla.

Fue toda una sorpresa descubrir que el alma de Alissa se había partido por culpa de los rituales de sus amigos. Veronika me contó cosas, la mayoría no las entendí. Sólo sé que con un ritual, su alma volvió a estar entera y en paz. Creo que esa chica vivirá tranquila a partir de ahora, todo lo tranquila que pueda vivir después de lo de su compañera de piso.

Veronika y Mary Anne insisten en que me vaya "de caza" con ellas. La verdad, si lo pienso, nunca había pensado que hubieran tantas cosas entre las sombras. Vampiros. Hombres Lobo. Cambiaformas. Fantasmas.

La mayoría de la gente no sabe que existen. Podría parecerme injusto, pero la verdad es que en este caso, la ignorancia es la mejor de las defensas.

Al principio me preguntaba por qué yo. Pero ahora empiezo a entenderlo. Parece que esos seres te consumen, te drenan de toda esperanza. Por eso yo. Porque no hay peor enemigo que el que no tiene nada que perder.

Despertar

Día 3. 01:13 a.m.



Estoy agotada.

Las cosas han cambiado drásticamente. En todos los aspectos.

Fui a por Darrill. Entré en casa con más facilidad de la que me hubiera esperado. El colega de Edd con pinta de drogata me abrió la puerta sin más, diciéndome que me estaban esperando. Sospeché, desdeluego. Pero no me caracterizo por echarme atrás.

Edd y Darrill estaban en el despacho, justo donde les había dejado. Darrill fue quien habló conmigo. Me ofreció la vida eterna. Obviamente, creí que estaba loco. Luego recordé que el único Edd Stevenson de la familia debería tener alrededor de ochenta años, pero lo dejé pasar. No debí hacerlo.

Edd me lo mostró. Al principio creí que me habían drogado, pero luego recordé que no había bebido de la copa que me habían ofrecido. Lo primero que cambió de él fueron sus ojos. Sin más, pasaron de ser de un profundo marrón oscuro a ser azules, celestes y claros, y se rodearon de unas hondas ojeras y unas marcadas arrugas. Su piel se apergaminó, y me recorrió un escalofrío de terror. No entendía nada.

Edd Stevenson se había vuelto viejo en sólo un momento. Darrill reía, y yo temblaba. He visto muchas cosas raras en mi vida, pero esta no estaba entre ellas.

Recuerdo que oí pasos acelerados acercarse, y Darrill volvió a reír. Me parapeté tras la puerta y apunté con mi pistola, con el pulso a mil por hora, y mi cerebro trabajando a toda velocidad, buscando una manera de ponerme a salvo y mandar a la mierda la investigación.

La mujer pelirroja que entró por la puerta también me apuntó con un arma. Venía acompañada de otra mujer, también pelirroja, que parecía más calmada. Gritaban cosas sin sentido, hablaban de magia negra, de exterminio, y de una chica en peligro. Pasó un rato hasta que fui capaz de respirar y oír más atentamente, y por lo que ellas decían, había una chica en aquella casa. En alguna de las habitaciones. Así que, mientras las dos desconocidas amenazaban a Darrill y a Edd, salí a buscarla.

Su nombre era Alissa. Estaba aterrada y herida cuando la encontré. Por mis informes, supe que era la compañera de piso de Marissa. Aparecía en algunas fotografías del portátil de Darrill. Sólo atiné a vendarla con mi camiseta, y  llevarla al despacho. En frío, supe que no me iría de allí sin respuestas.

El paisaje del despacho era ahora muy distinto. Darrill estaba encogido en la silla del despacho, con el cañón de una pistola en la sien, y Edd estaba atado en un sillón. La pelirroja más alta, Veronika, la torturaba con un puñal. Él sólo balbuceaba cosas como que él tenía el poder, que era tarde. Hasta que ella le mató.

Darrill cayó poco después. Decía ser un aprendiz. Veronika ni siquiera tembló al apretar el gatillo.

Al salir de allí, ambas me llevaron a casa del Sr. Stevenson. Resultó ser exactamente igual que Edd. Un brujo. Así lo llamaron ellas. Y sufrió el mismo final.

Ahora, no hay vuelta atrás. Mary Anne y Veronika dicen que soy una cazadora. Que está en mi sangre. Que no importa cuánto haga, me perseguirá.

Pero lo único que yo quiero es volver a casa, y rezar por no volver a encontrarme algo así.

Hasta siempre, pelirrojas. Que la locura se vaya son vosotras.


La casa

Día 2. 22:00 p.m.



 El chico al que seguí hasta el bareto resultó ser el tal Edd. Sólo que se apellida Stevenson, como Darrill. Pero no aparece en ningún árbol genealógico. 

Conocí a Darrill en una casa que dice ser suya. Edd nos llevó a mí y a Nikki hasta allí, junto con otro tipo con la  misma pinta de drogata.  La casa era extraña, con motivos bastante macabros, y cuadros que ponían los pelos de punta. Supe que algo no iba bien cuando nos dejaron solas en el salón, pero preferí hacer caso omiso a mi instinto y cotillear por allí. Lo que más me llamó la atención fue una caja de monedas raras, como antiguas. Parecían caras y faltaban tres. Bueno, cuatro, porque me llevé una para investigarla.

No duramos mucho en aquella casa. Creo que sospechaban algo. El tal Edd supo que llevaba una pistola, sigo sin saber cómo. Tal vez sólo haya sido suerte. Me echaron de allí con mucho nerviosismo, es probable que Darrill sepa que está en busca y captura. Ya es sólo cuestión de tiempo. Y tampoco podrá ir muy lejos, les he pinchado las ruedas de la moto.

Me ha llegado otro mensaje raro. Esta vez es digno de mención. Creo que alguien sabe que investigo el caso. Dice que vaya a por Edd. Esta noche. Tal vez le haga caso.


domingo, 20 de enero de 2013

El caso de Marissa

Día 1

 No se sabe nada de Darril Stevenson.

Eithan no me ha dado casi información. Incompetente. Sólo sé dónde viven sus padres en Chicago, y dónde vivía él en Nueva York. Y, por supuesto, dónde vivía la desdichada universitaria que murió "descorazonada". Pobrecilla.

Ni siquiera he podido ver las fotos de la chica, con lo cual ni siquiera sé si puede tratarse de un asesinato ritual. Lo cual, por supuesto, descartaría al tal Darril como culpable. Aunque no me importa demasiado. Sólo quiero los malditos 1000 dólares, pero si él no es el culpable, sabré que escapa y que está muerto de miedo.

Nikki está trabajando bastante bien, no se puede negar. A pesar de que nadie le ha pedido que lo haga. Pero ya me he rendido, que curre lo que quiera. A veces es útil. Esta mañana ha venido con algo de información sobre Darril y sus padres. Su dirección, su profesión, y otros datos de interés.

Viajamos a Chicago, por supuesto. Allí fue dónde avancé algo más en la investigación. No encuentro a Darril, pero por lo menos sé que el señor Stevenson no es su padre realmente (bienvenido al drama de los adoptados, chaval), y de hehco le tiene bastante cruzado. No sé qué habrá hecho Darril, pero a su padre no le ha gustado nada, tanto que hasta le ha quitado el apellido. Y la herencia, por supuesto. (Ja, Ja, chaval). Tuve que colarme en su cuarto para investigar a fondo (como dato de interés diré que estaba todo demasiado impoluto), y llevarme su portátil. En el portátil encontré algunas fotos de interés, y un chaval bastante peculiar. Su nombre es Edd, según las informaciones de Eithan.

No me conformé con lo que encontré. Así que me quedo en el hotel frente a la casa de los Stevenson hasta nuevo aviso. No tengo otra pista, así que espero que realmente aquí esté la clave del paradero del puñetero Darril.