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martes, 12 de febrero de 2013

Despertar

Día 3. 01:13 a.m.



Estoy agotada.

Las cosas han cambiado drásticamente. En todos los aspectos.

Fui a por Darrill. Entré en casa con más facilidad de la que me hubiera esperado. El colega de Edd con pinta de drogata me abrió la puerta sin más, diciéndome que me estaban esperando. Sospeché, desdeluego. Pero no me caracterizo por echarme atrás.

Edd y Darrill estaban en el despacho, justo donde les había dejado. Darrill fue quien habló conmigo. Me ofreció la vida eterna. Obviamente, creí que estaba loco. Luego recordé que el único Edd Stevenson de la familia debería tener alrededor de ochenta años, pero lo dejé pasar. No debí hacerlo.

Edd me lo mostró. Al principio creí que me habían drogado, pero luego recordé que no había bebido de la copa que me habían ofrecido. Lo primero que cambió de él fueron sus ojos. Sin más, pasaron de ser de un profundo marrón oscuro a ser azules, celestes y claros, y se rodearon de unas hondas ojeras y unas marcadas arrugas. Su piel se apergaminó, y me recorrió un escalofrío de terror. No entendía nada.

Edd Stevenson se había vuelto viejo en sólo un momento. Darrill reía, y yo temblaba. He visto muchas cosas raras en mi vida, pero esta no estaba entre ellas.

Recuerdo que oí pasos acelerados acercarse, y Darrill volvió a reír. Me parapeté tras la puerta y apunté con mi pistola, con el pulso a mil por hora, y mi cerebro trabajando a toda velocidad, buscando una manera de ponerme a salvo y mandar a la mierda la investigación.

La mujer pelirroja que entró por la puerta también me apuntó con un arma. Venía acompañada de otra mujer, también pelirroja, que parecía más calmada. Gritaban cosas sin sentido, hablaban de magia negra, de exterminio, y de una chica en peligro. Pasó un rato hasta que fui capaz de respirar y oír más atentamente, y por lo que ellas decían, había una chica en aquella casa. En alguna de las habitaciones. Así que, mientras las dos desconocidas amenazaban a Darrill y a Edd, salí a buscarla.

Su nombre era Alissa. Estaba aterrada y herida cuando la encontré. Por mis informes, supe que era la compañera de piso de Marissa. Aparecía en algunas fotografías del portátil de Darrill. Sólo atiné a vendarla con mi camiseta, y  llevarla al despacho. En frío, supe que no me iría de allí sin respuestas.

El paisaje del despacho era ahora muy distinto. Darrill estaba encogido en la silla del despacho, con el cañón de una pistola en la sien, y Edd estaba atado en un sillón. La pelirroja más alta, Veronika, la torturaba con un puñal. Él sólo balbuceaba cosas como que él tenía el poder, que era tarde. Hasta que ella le mató.

Darrill cayó poco después. Decía ser un aprendiz. Veronika ni siquiera tembló al apretar el gatillo.

Al salir de allí, ambas me llevaron a casa del Sr. Stevenson. Resultó ser exactamente igual que Edd. Un brujo. Así lo llamaron ellas. Y sufrió el mismo final.

Ahora, no hay vuelta atrás. Mary Anne y Veronika dicen que soy una cazadora. Que está en mi sangre. Que no importa cuánto haga, me perseguirá.

Pero lo único que yo quiero es volver a casa, y rezar por no volver a encontrarme algo así.

Hasta siempre, pelirrojas. Que la locura se vaya son vosotras.


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