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martes, 12 de febrero de 2013

Sin vuelta atrás

Día 3 14:00 p.m.


He tenido que volver atrás. No quería volver, pero he tenido que hacerlo.

Debí haberlo pensado cuando me lo dijo Veronika. Tal y como ella me advirtió, una vez empieza, esto nunca acaba.

Volvía a Nueva York cuando el coche se me llenó de humo verde. Lo más extraño de todo es que Nikki no lo veía. Quise ignorarlo, pero no hubo manera. El humo tomó forma, y tuve que hacerlo. Tuve que llamarla.

Fue toda una sorpresa descubrir que el alma de Alissa se había partido por culpa de los rituales de sus amigos. Veronika me contó cosas, la mayoría no las entendí. Sólo sé que con un ritual, su alma volvió a estar entera y en paz. Creo que esa chica vivirá tranquila a partir de ahora, todo lo tranquila que pueda vivir después de lo de su compañera de piso.

Veronika y Mary Anne insisten en que me vaya "de caza" con ellas. La verdad, si lo pienso, nunca había pensado que hubieran tantas cosas entre las sombras. Vampiros. Hombres Lobo. Cambiaformas. Fantasmas.

La mayoría de la gente no sabe que existen. Podría parecerme injusto, pero la verdad es que en este caso, la ignorancia es la mejor de las defensas.

Al principio me preguntaba por qué yo. Pero ahora empiezo a entenderlo. Parece que esos seres te consumen, te drenan de toda esperanza. Por eso yo. Porque no hay peor enemigo que el que no tiene nada que perder.

Despertar

Día 3. 01:13 a.m.



Estoy agotada.

Las cosas han cambiado drásticamente. En todos los aspectos.

Fui a por Darrill. Entré en casa con más facilidad de la que me hubiera esperado. El colega de Edd con pinta de drogata me abrió la puerta sin más, diciéndome que me estaban esperando. Sospeché, desdeluego. Pero no me caracterizo por echarme atrás.

Edd y Darrill estaban en el despacho, justo donde les había dejado. Darrill fue quien habló conmigo. Me ofreció la vida eterna. Obviamente, creí que estaba loco. Luego recordé que el único Edd Stevenson de la familia debería tener alrededor de ochenta años, pero lo dejé pasar. No debí hacerlo.

Edd me lo mostró. Al principio creí que me habían drogado, pero luego recordé que no había bebido de la copa que me habían ofrecido. Lo primero que cambió de él fueron sus ojos. Sin más, pasaron de ser de un profundo marrón oscuro a ser azules, celestes y claros, y se rodearon de unas hondas ojeras y unas marcadas arrugas. Su piel se apergaminó, y me recorrió un escalofrío de terror. No entendía nada.

Edd Stevenson se había vuelto viejo en sólo un momento. Darrill reía, y yo temblaba. He visto muchas cosas raras en mi vida, pero esta no estaba entre ellas.

Recuerdo que oí pasos acelerados acercarse, y Darrill volvió a reír. Me parapeté tras la puerta y apunté con mi pistola, con el pulso a mil por hora, y mi cerebro trabajando a toda velocidad, buscando una manera de ponerme a salvo y mandar a la mierda la investigación.

La mujer pelirroja que entró por la puerta también me apuntó con un arma. Venía acompañada de otra mujer, también pelirroja, que parecía más calmada. Gritaban cosas sin sentido, hablaban de magia negra, de exterminio, y de una chica en peligro. Pasó un rato hasta que fui capaz de respirar y oír más atentamente, y por lo que ellas decían, había una chica en aquella casa. En alguna de las habitaciones. Así que, mientras las dos desconocidas amenazaban a Darrill y a Edd, salí a buscarla.

Su nombre era Alissa. Estaba aterrada y herida cuando la encontré. Por mis informes, supe que era la compañera de piso de Marissa. Aparecía en algunas fotografías del portátil de Darrill. Sólo atiné a vendarla con mi camiseta, y  llevarla al despacho. En frío, supe que no me iría de allí sin respuestas.

El paisaje del despacho era ahora muy distinto. Darrill estaba encogido en la silla del despacho, con el cañón de una pistola en la sien, y Edd estaba atado en un sillón. La pelirroja más alta, Veronika, la torturaba con un puñal. Él sólo balbuceaba cosas como que él tenía el poder, que era tarde. Hasta que ella le mató.

Darrill cayó poco después. Decía ser un aprendiz. Veronika ni siquiera tembló al apretar el gatillo.

Al salir de allí, ambas me llevaron a casa del Sr. Stevenson. Resultó ser exactamente igual que Edd. Un brujo. Así lo llamaron ellas. Y sufrió el mismo final.

Ahora, no hay vuelta atrás. Mary Anne y Veronika dicen que soy una cazadora. Que está en mi sangre. Que no importa cuánto haga, me perseguirá.

Pero lo único que yo quiero es volver a casa, y rezar por no volver a encontrarme algo así.

Hasta siempre, pelirrojas. Que la locura se vaya son vosotras.


La casa

Día 2. 22:00 p.m.



 El chico al que seguí hasta el bareto resultó ser el tal Edd. Sólo que se apellida Stevenson, como Darrill. Pero no aparece en ningún árbol genealógico. 

Conocí a Darrill en una casa que dice ser suya. Edd nos llevó a mí y a Nikki hasta allí, junto con otro tipo con la  misma pinta de drogata.  La casa era extraña, con motivos bastante macabros, y cuadros que ponían los pelos de punta. Supe que algo no iba bien cuando nos dejaron solas en el salón, pero preferí hacer caso omiso a mi instinto y cotillear por allí. Lo que más me llamó la atención fue una caja de monedas raras, como antiguas. Parecían caras y faltaban tres. Bueno, cuatro, porque me llevé una para investigarla.

No duramos mucho en aquella casa. Creo que sospechaban algo. El tal Edd supo que llevaba una pistola, sigo sin saber cómo. Tal vez sólo haya sido suerte. Me echaron de allí con mucho nerviosismo, es probable que Darrill sepa que está en busca y captura. Ya es sólo cuestión de tiempo. Y tampoco podrá ir muy lejos, les he pinchado las ruedas de la moto.

Me ha llegado otro mensaje raro. Esta vez es digno de mención. Creo que alguien sabe que investigo el caso. Dice que vaya a por Edd. Esta noche. Tal vez le haga caso.